Para crear una trama entretenida no solo es importante lo que se dice, sino también cómo se dice. No basta con introducir conflictos a los que el protagonista tenga que enfrentarse y de los que pueda salir victorioso o, al menos, obtener algún aprendizaje. Estos conflictos deben plantearse con coherencia para que el lector pueda seguir la historia sin perderse.
A ello hay que añadir elementos que adornen la historia e inciten al lector a continuar página tras página. Es una dinámica que debemos repetir a lo largo de cada capítulo para evitar que el lector se aburra y cierre el libro.
¿Por qué es tan importante? Porque, por muy valioso que sea el mensaje que queramos transmitir, si no lo presentamos en un formato atractivo será difícil conseguir que alguien lea una novela de 300 páginas hasta el final.
Cada vez que un lector abre un libro está dando al autor la oportunidad de presentarle una serie de ideas o planteamientos que considera que pueden resultarle útiles o interesantes. Sin embargo, eso no significa que vaya a llegar al final de la historia. El tiempo es muy valioso y debemos reforzar en cada página la sensación de que el tiempo invertido en nuestro libro no es un desperdicio.
Tres elementos para crear una trama entretenida
Una vez definido el conflicto de nuestra historia, existen tres elementos que pueden ayudarnos a crear una trama entretenida y mantener el interés del lector:
- Empezar por la sangre.
- Introducir y desarrollar conflictos.
- Terminar los capítulos con un cliffhanger.
Estos elementos permiten construir una estructura narrativa en la que el interés se renueva continuamente.
Empezar por la sangre
¿Qué significa exactamente “empezar por la sangre”?
Significa comenzar con una escena comprometida, una frase que haga pensar al lector o una afirmación esencialmente contradictoria. Algo que le plantee una pregunta que solo podrá contestar si continúa leyendo.
Normalmente, cuando escribimos una novela pensamos en una estructura formada por planteamiento, nudo y desenlace. Sin embargo, al presentar la historia al lector no podemos arriesgarnos a que el planteamiento resulte aburrido.
Una posibilidad consiste en coger una escena situada en el auge del conflicto y colocarla al principio.
La importancia del primer capítulo
Esta estrategia resulta especialmente importante en el primer capítulo.
En ese momento, el lector todavía no ha construido una relación de confianza con el autor. Tampoco conoce el conflicto principal de la novela ni sabe qué puede ofrecerle la historia. Por tanto, el comienzo debe ser una de las partes más atractivas del libro.
En IVANVIC, por ejemplo, utilicé una escena que inicialmente aparecería aproximadamente a mitad del libro: la muerte de un personaje importante que dará comienzo al enfrentamiento entre los protagonistas y los miembros del crimen organizado.
La coloqué al principio de la novela como una especie de flashback. De esta manera aparecían inmediatamente varias preguntas: ¿por qué ha muerto ese personaje?, ¿qué pasará con los demás?, ¿quién es ese culpable del que habla Olivia?
El objetivo es generar incógnitas que impulsen al lector a continuar.
Utilizar una frase contradictoria
Otra forma de plantear preguntas consiste en comenzar con una frase contradictoria.
Un ejemplo aparece en Descenso al infierno, de Daniel, cuyo protagonista ha dedicado su vida a cazar vampiros. El conflicto surge cuando su propia esposa, el amor de su vida, es infectada por uno de sus mayores enemigos.
La primera frase plantea directamente esa contradicción:
“Amo a mi mujer y por eso tengo que matarla”.
Creativamente, la frase funciona porque inmediatamente genera preguntas: ¿por qué dice eso?, ¿qué ha ocurrido para que llegue a esa conclusión?
El lector solo tiene una forma de descubrirlo: continuar leyendo.
Este tipo de recursos también muestra por qué es tan importante leer a otros autores. Las ideas, planteamientos, formas de escribir o estilos de otros escritores pueden servirnos en algún momento, siempre que les demos nuestra propia vuelta de tuerca y los adaptemos a nuestro estilo.
Escribir es una carrera de fondo. Aprendemos de otros escritores y vamos puliendo nuestro estilo con el tiempo.
El conflicto como motor de la trama
Una vez conseguido ese primer impacto, debemos plantear un conflicto o una situación que permita conocer una parte importante de la trama o de los personajes.
Al principio de los libros suele hacerse especial hincapié en los protagonistas, sus circunstancias personales y aquellas situaciones en las que el lector pueda sentirse identificado con su humanidad.
En IVANVIC, mientras introducía el conflicto inicial, también mostraba lo que siente una persona cuando muere un ser querido mientras recorre los pasillos de un hospital.
Es una situación mundana. Muchas personas han estado en un hospital o se han preocupado por un familiar enfermo.
Se trata de aterrizar el conflicto para que el lector pueda ir construyendo una relación con la trama y con el protagonista.
Macroconflictos y microconflictos para crear una trama entretenida
Para crear una trama entretenida conviene entender que una novela puede contener macroconflictos y microconflictos.
Qué es un macroconflicto
Los macroconflictos son las problemáticas principales que planteamos en nuestra novela.
Forman parte del hilo narrativo central y deben llegar a una resolución. Si nuestra novela es autoconclusiva, esa resolución debería producirse al final del libro. Si forma parte de una bilogía, trilogía o saga, puede producirse al final de esa historia más amplia.
Hay autores a los que les gusta utilizar finales abiertos. No está mal dejar determinados conflictos sin resolver, pero el macroconflicto debería alcanzar algún tipo de conclusión.
Después de leer 500 páginas, el lector puede sentirse defraudado si la historia no llega a ninguna parte. Si el libro va a tener continuación, puede mantenerse abierto. Si no la tiene, debería existir al menos una conclusión para el conflicto principal.
En IVANVIC, por ejemplo, el conflicto entre los protagonistas y los miembros del crimen organizado constituye un macroconflicto. Ese enfrentamiento tiene consecuencias y alcanza una conclusión que permite dar esa etapa por finalizada.
Qué es un microconflicto
Los microconflictos son dificultades menores a las que el protagonista se enfrenta a lo largo de la novela.
No tienen que resultar necesariamente decisivos para resolver la historia principal. Pueden solucionarse en el capítulo siguiente o incluso permanecer parcialmente abiertos sin afectar al desarrollo general de la trama.
Un ejemplo sería la reputación empresarial de Olivia en IVANVIC, afectada por una serie de escándalos que se van descubriendo durante la historia. Al final del libro no queda completamente claro si esa situación continúa igual, mejora o empeora.
De esta forma, los macroconflictos quedan cerrados mientras que algunos microconflictos pueden permanecer abiertos y reflejar, por ejemplo, la incertidumbre constante que puede experimentar cualquier persona que gestione un negocio.
Dividir el gran conflicto en pequeños conflictos
Uno de los problemas que pueden aparecer durante la escritura de una novela surge cuando queremos que el protagonista termine venciendo a un antagonista mucho más fuerte que él o superando un conflicto que inicialmente parece demasiado grande.
El problema es conseguir que llegue hasta esa victoria de una manera verosímil.
La transformación debe producirse progresivamente, sin saltos que el lector perciba como un capricho del autor. Tiene que parecer una consecuencia natural de los acontecimientos que van sucediendo en la trama.
La forma más sencilla de hacerlo consiste en dividir el macroconflicto en pequeños conflictos que el protagonista pueda afrontar poco a poco.
Construir la evolución del protagonista para crear una trama entretenida
Después de dividir el macroconflicto, podemos crear una situación para cada microconflicto teniendo en cuenta:
- cómo saldrá el protagonista de ese conflicto;
- qué aprenderá durante el proceso;
- qué aspectos del personaje queremos mostrar.
Si avanzamos de esta forma, la historia comienza a construirse prácticamente sola.
Aquello que al principio parecía un muro imposible de superar termina convirtiéndose en un entramado de experiencias y aprendizajes que hace verosímil el enfrentamiento final.
En IVANVIC, por ejemplo, una persona normal que no conoce nada sobre el mundo del crimen organizado no puede enfrentarse directamente a él sin ningún tipo de evolución previa.
Hace falta un plan y una serie de pasos que muestren cómo el protagonista se transforma poco a poco en alguien capaz de enfrentarse a ese entorno de una forma coherente.
Por eso, el macroconflicto se divide en conflictos más pequeños que se van resolviendo capítulo a capítulo. Finalmente llega un momento en el que el protagonista puede enfrentarse cara a cara con el antagonista en unas circunstancias que incluso pueden permitirle ganar.
Aunque siempre debe permanecer cierta incertidumbre sobre la posibilidad de perder. Esa incertidumbre aporta emoción a la trama.
La evolución del personaje debe acompañar al conflicto
La evolución del personaje debe avanzar al mismo tiempo que la resolución de los diferentes conflictos.
Esto no significa que el protagonista siempre tenga que mejorar.
Evolucionar significa cambiar y transformarse respecto a su versión inicial. Una persona puede atravesar momentos mejores y peores mientras cambia su personalidad o su forma de ver el mundo.
Esta evolución no es una gráfica ascendente y continua. Se parece más a un mercado bursátil en el que existen grandes caídas y puntos álgidos.
Esos ascensos y descensos pueden coincidir con los momentos de mayor tensión emocional y alternarse con otras partes más relajadas de la historia.
Aterrizar los conflictos en situaciones humanas
Existe otra parte fundamental para crear una trama entretenida: aterrizar los conflictos y la evolución de los personajes en situaciones reales, verosímiles y humanas.
Tenemos que conseguir que los lectores puedan compartir las inseguridades, los miedos y las inquietudes del personaje.
Esto es posible incluso cuando escribimos fantasía.
Nadie tiene por qué haberse enfrentado a un dragón para comprender el miedo de un personaje que se encuentra ante un conflicto mucho mayor que él y que, aparentemente, parece imposible de vencer.
El lector quizá no pueda identificarse con la situación concreta, pero sí con las emociones.
Por eso no basta con presentar lo que sucede. También debemos mostrar cómo responde el personaje, cómo se siente ante lo ocurrido y qué aprendizaje obtiene de esas experiencias.
Tan importante es construir los conflictos como trabajar la personalidad, el estado emocional y la evolución del personaje.
Utilizar los microconflictos para controlar el ritmo
Mantener permanentemente la tensión narrativa en su punto máximo es difícil y, además, poco recomendable.
Habrá momentos en los que la trama sea menos intensa y otros en los que exista mucha tensión emocional. Como escritores debemos aprender a jugar con esos dos tiempos.
Si el lector vive constantemente en un estado de máxima excitación, cuando llegue un momento verdaderamente importante puede estar ya anestesiado por esa intensidad continua. Aquí vuelven a resultar útiles los microconflictos.
Algunos pueden ser incluso divertidos o provocar enfrentamientos entre los propios protagonistas. Pueden surgir de su estupidez, su irascibilidad o de simples malentendidos.
Además de proporcionar pequeños descansos respecto al conflicto principal, estas situaciones ayudan al lector a empatizar con los personajes.
Terminar los capítulos con un cliffhanger
El tercer gran elemento consiste en finalizar los capítulos con un cliffhanger.
Un cliffhanger deja abierta una incógnita que normalmente se resolverá en el siguiente capítulo. Después podemos repetir el proceso hasta llegar al final del libro.
La intención es conseguir que el lector quiera continuar leyendo.
Podemos terminar un capítulo planteando una nueva incógnita y utilizar el siguiente para resolver un conflicto anterior mientras abrimos otro nuevo.
De esta manera, el interés se renueva constantemente.
Esto no significa que debamos mantener siempre la máxima tensión. Como hemos visto, una historia necesita alternar momentos intensos con otros más tranquilos.
También podemos volver a “empezar por la sangre” en capítulos posteriores para refrescar el interés del lector. No debemos asumir que utilizar este recurso una sola vez al principio será suficiente para toda la novela.
Dominar las bases para crear una trama entretenida
A la hora de escribir también podemos utilizar hipérboles, comparaciones, metáforas y todo tipo de figuras retóricas.
Sin embargo, por muchas figuras literarias que introduzcamos en una historia, si los conflictos, los personajes y la trama no están bien construidos, difícilmente conseguiremos mantener al lector interesado.
No sirve de mucho escribir un libro con un gran mensaje si el lector no llega hasta el final.
Por eso conviene empezar por la simplicidad.
Primero debemos dominar las bases.
Cuando seamos capaces de construir de manera natural la trama, los personajes y los conflictos, llegará el momento de aumentar la dificultad. Entonces podremos trabajar más profundamente la retórica, utilizar un lenguaje más poético o intentar aportar una mayor emotividad al texto.
Empezar directamente por las figuras retóricas puede llevarnos a un perfeccionismo excesivo cuando todavía no tenemos unas bases narrativas sólidas.
Cómo crear una trama entretenida paso a paso
En definitiva, crear una trama entretenida requiere construir una estructura en la que el lector siempre tenga algún motivo para continuar.
Podemos comenzar con una escena intensa o una frase contradictoria que genere preguntas. Después, debemos introducir el conflicto principal y dividirlo en pequeños conflictos que permitan desarrollar progresivamente la historia y al protagonista.
Los microconflictos ayudan a mostrar distintas facetas de los personajes y permiten controlar el ritmo, mientras que el macroconflicto mantiene la dirección general de la novela.
A medida que avanzamos, los conflictos deben producir una transformación en el protagonista. Esa transformación puede incluir avances y retrocesos, pero tiene que surgir de forma coherente como consecuencia de los acontecimientos.
Además, todos esos problemas deben aterrizarse en emociones y situaciones humanas con las que el lector pueda identificarse, incluso cuando el contexto de la historia sea completamente fantástico.
Por último, terminar los capítulos dejando alguna incógnita abierta puede impulsar al lector a pasar inmediatamente a la siguiente página.
La prioridad es dominar estos fundamentos: construir una buena trama, unos personajes sólidos y unos conflictos coherentes. A partir de ahí podremos seguir enriqueciendo nuestro estilo y nuestra forma de escribir.
Espero que este artículo te haya servido y nos vemos en el siguiente, ¡qué tengas una semana de novela!
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