Las novelas de aventuras recogen escenas de supervivencia donde la pericia de un náufrago puede ser la diferencia entre la vida y la muerte. Si te planteas escribir una novela de este tipo no puedes perderte las vivencias de estos supervivientes. Te dejo información valiosa sacada del testimonio de supervivientes reales del siglo XVI.

Una alternativa muy poco frecuente

Acabar siendo náufrago en una isla era una alternativa muy poco frecuente para las personas sorprendidas por un temporal en alta mar. La gran mayoría de ellos morían sin remedio y en caso de sobrevivir a la tormenta, no había garantía alguna de encontrar tierra. Por tanto, la gran mayoría de los tripulantes de un barco naufragado jamás reaparecían.

Si afortunadamente terminabas en una isla, podrías pensar que tenías suerte. Sin embargo, las inclemencias del tiempo, la falta de víveres y la interacción con el entorno, podían dar una muerte lenta y dolorosa. En la mayor de los casos así era, pero nos centraremos en aquellos náufragos que consiguieron sobrevivir. Tras años de penurias fueron rescatados, sus hazañas seguían narrándose 200 años después e inspiraron tramas tan impactantes como Robinson Crusoe de Daniel Defoe (1719).

Pedro Serrano, el náufrago que sobrevivió a la tempestad

La historia de España nos regala numerosos relatos, pero ninguno tan completo como el del capitán Pedro Serrano. Tras sufrir una tempestad inesperada que afecto al patache de exploración donde iba, las olas engulleron el barco. Todo esto en el trayecto entre La Habana hasta Cartagena de Indias en el año 1526, consiguió llegar hasta un pequeño islote, conocido hoy como Arenal Serrana. Junto a él, sobrevivieron dos compañeros más, aunque uno de ellos moriría a los pocos días. Pronto pasarían un calvario pero la pericia de un náufrago marcaría la diferencia.

Un banco de arena con escasos recursos

El islote donde Pedro Serrano pasaría aislado 8 años de su vida no era más que un banco de arena con escasa vegetación y sin ningún cauce de agua dulce. Sin apenas recursos, sin sombra para guarecerse del implacable sol y los vientos, y en total aislamiento, su vida estaba de lejos de ser placentera. Si quieres saber como era viajar en un barco de línea no te pierdas Travesías de ultramar: Un tortuoso viaje.

Para sobrevivir, se vieron obligados a comer moluscos, cangrejos y cualquier alimaña al alcance totalmente cruda. Con un rudimentario cuchillo, degollaban y bebían la sangre de las tortugas marinas que paseaban por la playa. Usaban sus caparazones para recoger el agua de la lluvia y ponían a secar su carne al sol para degustarla. Lo mismo hacían con las maderas de otros naufragios que las olas arrastraban hasta la orilla. Solo así tenían fuego para calentarse y cocinar pues no tenía apenas materiales en aquella isla desnuda. A falta de madera, usaban los pedernales y sus propias prendas como yesca o para filtrar el agua. La pericia de un náufrago o varios no tenía límites cuando de sobrevivir se trata.

El ingenio agudizado por el hambre y la miseria

Como es de esperar el ingenio no tarda en agudizarse en presencia constante de hambre y miseria, y los dos supervivientes tiraron de ella todo lo que pudieron. Construyeron un túmulo a base de piedras para usarlo de cobertizo y guarecerse del clima.

Tiempo después aparecen en la playa otros dos hombres, pero no son rescatadores sino náufragos. Tal fue el impacto que tuvo para Serrano y su compañero tal visión, que creyeron estar teniendo visiones del demonio y terminaron huyendo de ellos. Aquellos alaridos permitieron saber a los recién llegados que aquellos hombres desaliñados estaban en la misma situación que ellos.

Con la balsa que estos traían el compañero de Serrano y uno de los recién llegados se prestaron para buscar ayuda, pero nunca regresaron. Ante esa perspectiva Serrano y su nuevo compañero sobrevivieron en la isla. Varios barcos, incapaces de ver sus señales de humo, los ignoraban sumiendo a ambos en desesperación y desconsuelo. Hasta que un día, por fin un galeón que navegaba lo bastante cerca, envío un bote en su busca. Desgraciadamente, el compañero de Serrano murió en el viaje de vuelta a España. Ocho años había durado su travesía y de su puño y letra quedó recogida su experiencia en el Archivo de Indias de Sevilla.

La aventura que traspasó fronteras

Las andanzas de Pedro Serrano y sus compañeros causaron la admiración de todos los que las escuchaban. Traspasando fronteras y siendo contada de unos a otros, llegaron a oídos del propio Carlos V, el soberano del imperio español. Tan impresionado quedó con la historia, que exigió escucharla de los labios del propio Pedro Serrano.

En esa época la sede del imperio español estaba en Alemania, y viajando hasta allí, Serrano se personó ante los miembros de la corte imperial. La sorpresa del monarca fue mayúscula, pues, aunque aseado, el náufrago conservo la barba y el pelo de ocho años de aislamiento en el atolón.

Después de recibirlo y escucharlo, su majestad imperial lo recompensó con una renta de 4000 pesos. Anduvo en diferentes reuniones cortesanas deleitando a los nobles con sus relatos, hasta qué habiendo recibido ayuda de costas de estos, decidió irse a vivir a Panamá. La pericia de un náufrago como Serrano, lo convirtió en un hombre adinerado. Sus crónicas también están recogidas por el escritor Inca Garcilaso de la Vega.

El atolón de las costas de Nicaragua

El lugar donde náufrago Pedro Serrano sigue siendo hoy uno de los muchos atolones desiertos. Está ubicado a unas 220 millas náuticas al este de la costa de Nicaragua, apenas tocado desde su época. Lo último sabido de esto es que en el año 1990 unos cazadores de tesoros encontraron el túmulo que los náufragos dejaron hace 400 años. Un recuerdo del extraordinario valor y esfuerzo de Pedro Serrano y sus compañeros hicieron en aquel banco de arena.

 

Vivencias como esta son las que inspiran las mejores historias y puedes usarlas para crear una trama que supere al propio Defoe. Sin embargo, ninguna ficción podrá superar la realidad. Puedes unirte al Newsletter para seguir las publicaciones y conseguir descuentos exclusivos.