Elegir el lenguaje más adecuado es una pregunta difícil de responder y la variedad de posibilidades que se nos plantea es amplia. Existen mil formas o incluso más, para decir lo mismo, pero te daré unos consejos para elegir el estilo que mejor se adapte a tu trama y a tí.

Siéntete bien con tu forma de escribir

Si te has lanzado a la aventura de escribir, terminarás pasando de vez en cuando por frustraciones y bloqueos. Sin embargo, el proceso creativo que conlleva crear una trama no debería ser un suplicio sino una experiencia emocionante. Por tanto, debes sentirte bien mientras escribas y expresar las ideas de una manera natural.

Uno de nuestros objetivos al escribir es plasmar una parte de nosotros en nuestras obras. Si fuerzas demasiado tu estilo no solo perderás tu esencia personal, sino que el texto rezumará una estética muy artificial. Al final, tú serás la persona que promocione y exponga tu novela y si no te sientes a gusto con tu estilo te garantizo que se te va a notar. Si quieres defender tu libro con soltura te hará falta esforzarte para encontrar el lenguaje más adecuado para tí.

Sumerge al lector dentro de la trama

Es adecuado que uses un estilo que te permita sumergir a los lectores en la trama, que sean capaces de imaginar el escenario, el ambiente e incluso lo que los personajes sienten en ese momento. Tan malo es que te pierdas en descripciones interminables como pasar por las escenas como si te faltara papel. Para guiarte te recomendó este artículo sobre la importancia de mostrar. Se nos dice que menos en más, y es cierto, pero para que se me entienda, me remitiré a una frase de Aristóteles.

La virtud es una disposición voluntaria adquirida, que consiste en un término medio entre dos extremos malos, el uno por exceso y el otro por defecto.

Evita la pomposidad en los textos

En este caso, y para los que escribimos novela histórica u otro tipo de novela ambientada en una sociedad distinta a la nuestra, podemos tender a usar un estilo muy barroco. Al final erramos el tiro cuando de encontrar el lenguaje más adecuado se trata. Quiero decir que podemos estar tentados a leer libros de la época en la que estamos escribiendo e imitar el estilo del autor.

Esta genial documentarse a través de autores de la época, pero considero un error imitar su manera de escribir. En el caso del siglo XVIII donde están ambientadas mis novelas, los autores coetáneos tienen un estilo que aún hoy día puede comprenderse sin problema, pero resulta algo pesado. Descripciones demasiado largas, expresiones y palabras en desuso, etc… son frecuentes y hay que tener cuidado con ellas. Tus lectores te agradecerán que no escribas como Góngora.

Jergas y expresiones

Como puedes imaginarte las expresiones que se utilizan habitualmente en nuestros barrios difiere mucho de las usadas en otras épocas. Cuesta imaginarse a un emperador romano diciendo «¿Qué pasa hermano?» a todos los miembros del Senado. Puedes encontrar otras expresiones menos excéntricas, pero eso no significa que queden bien. Para una persona entendida en la época chirriara como un violín mal afinado y esos fallos podrías solucionarlos con un poco de documentación.

En otras ocasiones las jergas propias de algunos países pueden provocar en un lector el mismo efecto. Con el español pasa esto muy a menudo. Dado que es un idioma muy extenso que ha sufrido intensas modificaciones según la zona del mundo, una persona venezolana, entre otras, puede usar expresiones que el público que habla castellano no entienda o no tengan el mismo significado. Por ejemplo, puedes incluir la expresión sifrino, pero es probable que solo los venezolanos te entiendan. Por otro lado, si utilizas la expresión burda en Venezuela significa “muy o mucho” mientras que en España puede ser “algo hecho con poco cuidado o un cabo/cable” si hablamos de barcos.

¿Cuál es la solución? Yo te diría que, si la novela no esta ambientada en el país de origen de la expresión o el personaje no es natural de allí, intentes usar un idioma lo más neutral posible. De cualquier forma, el contexto es la clave. Si el contexto de la frase consigue ambientar al lector y cuenta con una buena calidad, incluso un campesino de la España profunda entenderá a lo que te refieres, aunque no sepa su significado exacto.

Adáptate al público actual

No hay duda de que existen obras inmortales que se han ganado un hueco en la literatura universal, pero su éxito llego ante un público diferente al actual. Si deseas que tus obras se vendan debes usar un lenguaje adaptado al momento presente y a las personas que te van a comprar el libro, huyendo de estilos pomposos del castellano antiguo. Nadie duda del talento de Pérez Galdós, pero estoy convencida de que tu público ha cambiado desde entonces y el estilo que siguió en su día no tiene porque valer ahora. Asegúrate de que tu texto sea ágil y sobretodo entretenido, más si se trata de novelas largas. En la era digital, tu público brilla por su impaciencia.

Frases sin ritmo y demasiado cortas

Algo que se me ha criticado en mis novelas es que las frases son, en ocasiones, demasiado cortas. Según mi critico, esto provoca que su línea de pensamiento se corte y por unos segundos pierda el hilo del argumento. Un efecto similar a un balde de agua fría en verano, en el primer impacto te deja en blanco.

La solución podría pasar por hacer frases más largas, pero hacerlas bien es una arte que requiere tiempo y experiencia. No solo hay que tener cuidado en donde colocar la puntuación para dejar respirar al lector sino como expresar las ideas de manera que su mente pueda sumergirse en ellas sin perderse. Por supuesto, independientemente de que las frases sean cortas o largas, deben estar libres de faltas de ortografía.

Por esa razón, se recomienda a los escritores noveles que empiecen con frases cortas y vayan ganando experiencia. Si quieres conocer el arte de las frases largas, fíjate en autores como Henry James. Con el tiempo, encontrarás el lenguaje más adecuado con indiferencia del tamaño de la frase.

Ten cuidado con los sinónimos

Es habitual que un escritor novel que por lo general no tiene mucha soltura con el vocabulario utilice un diccionario de sinónimos o como yo, busque sinónimos en internet para no repetir constantemente la misma palabra. Sin embargo, y esto lo se por experiencia, los sinónimos son un arma de doble filo. Una palabra puede tener un significado similar que lo convierte en sinónimo, pero no tiene porque tener la misma entonación.

Por ejemplo, en internet verás que vehemente y furibundo son sinónimos. No obstante, mientras vehemente tiene un tono más pasional e impetuoso, furibundo hace referencia a sentimientos como el enojo y la ira. Por tanto, pueden tener significados distintos y nada mejor para ver las connotaciones que en una frase.

 

  • ¡Mi marido no sería capaz de algo tan infame! – aquella declaración fue pronunciada con tal vehemencia que el oficial dejo de escribir para mirarla.

 

  • ¡No quiero saber nada más sobre este asunto! – advirtió furibundo mientras abandonaba la sala.

 

Ambas palabras pueden usarse en la otra frase, pero los sentimientos que expresaría el personaje serían distintos. ¿Te han servido estos consejos? Espero que te sirvan para encontrar el lenguaje más adecuado para tu libro.

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